lunes, 23 de mayo de 2016

Mi Ambiente Personal de Aprendizaje



¿De dónde aprendemos? ¿de quién aprendemos? ¿cómo aprendemos?, son preguntas que nos vienen a la mente cuando tratamos de dibujar nuestro Ambiente Personal de Aprendizaje (APA).  La reflexión se vuelve aun más interesante cuando después de un primer boceto nos damos cuenta del sin fin de fuentes de información y aprendizaje que nos rodean cada día y como cada una de ellas se interconecta, interactúa y se modifica continuamente.  Ese bosquejo que primero hicimos como un mero ejercicio de organización, como un mapeo para buscar las fuentes de donde surgen nuestros aprendizajes, de pronto cobra vida y resulta ser una red compleja de elementos en donde “la suma de todas las partes” no es igual al todo, sino que todas las partes en su interacción se van modificando, ampliando, transformando.
El dibujo y la representación gráfica no es uno de mis fuertes, y si ustedes ven la imagen que logré después de la reflexión, quizás se sientan decepcionados.  Sin embargo, el proceso que implicó reveló para a mi algunas ideas sobre el aprendizaje que me gustaría compartir con ustedes.

Primero que nada descubrí que nada se aprende en soledad.  Aún cuando se lee un libro, o un texto cualquiera, existe un diálogo silencioso con el autor.  Un diálogo que estimula la imaginación y pone alerta todos nuestros sentidos.  Según el tema que se aborde, incluso le ponemos voz a quien lo está escribiendo, o al menos eso pasa para mi.  Me imagino al autor escribiendo, su tono de voz, el lugar donde vive t hasta la bebida que está tomando mientras escribe.  Así para mí hay escritores bebedores de té, de café y de bebidas embriagantes.  No podría nunca imaginarme a Hemingway escribiendo sobrio por ejemplo. 

Pero lo mejor de leer un texto viene después, cuando encuentras en alguno de los ámbitos en los que te mueves alguien con quien compartirlo.  Yo siempre disfruto una buena discusión, sobretodo aquellas que me llevan a querer releer el texto porque temo haber pasado algo por alto que por fin se reveló ante mi después de haberlo comentado con alguien.  Por lo tanto, el texto vuelve a vivir y a cobrar nuevo significado.  Me ha modificado a mi y yo, sin quererlo y sobretodo sin que él lo quiera lo he transformado en mi propia versión de lo que el autor intentó decir.

Segunda idea que me vino a la mente.  Eso de que no se aprende nada de ver televisión es una mentira.  Muchos de los mejores aprendizajes que he tenido los he tenido viendo la televisión.  Todavía recuerdo el placer y la curiosidad que se despertó en mi de ver COSMOS de Carl Sagan.  Por un buen rato soñé en ser astronauta o dedicarme a la astronomía.  También cuestionó mi fe y mis creencias más profundas y me llevó a leer una serie de textos académicos a muy temprana edad de los que entendí casi nada, pero que me permitieron largas pláticas con mi papá, quien al final decidió regalarme una suscripción a la revista del CONACYT, de la cual entendí menos que de la serie, porque además era editada de manera muy económica y tenía muy pocas imágenes que ilustraran los temas.

Y como olvidar a Jack Cousteu y su aventura en el Calipso, viajando por el Amazonas.  Recuerdo poner mi despertador para levantarme a las 12:00 am para ver la transmisión del programa que pasaba justo a esa hora en la que se suponía que yo debía estar dormida.  Gracias a eso, por otro buen período de mi vida quise ser bióloga marina y navegar por ríos y mares descubriendo el mundo submarino. De allí mi mamá decidió comprarme justamente la enciclopedia editada por Cousteu llamada igualmente “Mundo Submarino”.

De lo lúdico, lo entretenido, lo divertido, han surgido para mi grandes aprendizajes.  Una película, una canción, una exposición de fotografías, una obra de teatro, ya sea buena o mala, sirve siempre para iniciar una conversación, tocar una fibra interna, cuestionarnos una premisa que creíamos válida, en fin, abre un universo de posibilidades de aprendizaje.  Por lo tanto me opongo a pensar que de la tele no se aprende nada, que ir al cine es pérdida de tiempo o que oír a los Tigres del Norte es demasiado vano para aprender algo.

Por último, también reconozco que he aprendido de las redes sociales, aunque no lo suficiente.  Probablemente tengo mucho que aprender de ellas y mucho que descubrir.  La clave está no tanto en el material que al que ellas nos acercan, sino en las posibilidades de interacción y de trabajar en redes que nos proporcionan.  Así regreso a la idea del principio, nadie aprende solo, aprendemos en comunidad y si hay una comunidad dispuesta a aprender se puede aprender de prácticamente cualquier experiencia.

A mi me gusta aprender, me frustra cuando mis alumnos consideran que aprender es algo aburrido, tedioso, enfadoso.  Puedo coincidir en que aprender requiere esfuerzo, que a veces de flojera, que cuesta, a veces más que otras, pero me entristece ver que muchas veces la escuela ha apagado en ellos el deseo humanizante de seguir aprendiendo, de aprender siempre para ir cada vez siendo más humanos.


 


1 comentario:

  1. Maricarmen:

    Disfruté leerte, me llamó mucho la atención tu postura sobre el aprendizaje en todo momento y en cualquier sitio o recurso. Con tu entrada me invitas a no menospreciar cada espacio donde interactúo con otros y a estar alerta a esas cosas que pueden ser interesantes.

    Saludos,


    Pilar Morales

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